La geografía del agua en España

Las aguas continentales son un elemento fundamental de la organización del espacio físico español. Su estudio geográfico permite relacionar entre sí a diferentes componentes, factores y procesos del medio natural, también su implicación con las actividades humanas.

Los recursos hídricos de España son limitados y desequilibrados espacialmente. Están condicionados por el clima, y muy particularmente por la cuantía y el reparto estacional de las precipitaciones. De este modo, cabría ser establecida una primera distinción entre la “España húmeda”, poco más del diez por ciento del territorio peninsular, y la “España seca”, en la que la escasez e irregularidad de las lluvias obliga a la práctica de una “economía del agua” y a una gran dependencia de las infraestructuras hidráulicas, no exentas de conflicto.

Los ríos, lagos, lagunas y humedales, los acuíferos subterráneos, en igual modo, son las manifestaciones más sobresalientes que dan forma y nombre a los cursos y masas de agua denominados técnicamente, por oposición a las aguas marinas, como continentales.

 

Nacimiento del río Pajares en el entorno del Brañillín (Lena, Principado de Asturias)

 

Una red hidrográfica que se articula en vertientes y cuencas fluviales, determinadas por la disposición de las diferentes unidades del relieve:

-El primer conjunto es el de los ríos cantábricos: se trata de numerosos cursos fluviales cortos y bien alimentados. Su nacimiento en montañas cercanas al mar hace que tengan que salvar un desnivel considerable, con lo que sus perfiles abruptos ejercen una gran fuerza erosiva, modelando en profundos y estrechos valles los relieves que atraviesan. Son ríos, en todos los casos, caudalosos y de régimen bastante regular, dadas las características pluviométricas del dominio oceánico. El Miño y sus afluentes participan en cierta medida de todos estos caracteres.

-El segundo conjunto es el de los grandes colectores atlánticos: son los cauces fluviales más largos, al nacer cerca del Mediterráneo y desembocar en el Atlántico. Su fuerza erosiva es escasa, discurriendo gran parte de su trazado por llanuras en las que apenas se hunden, si bien dan lugar a perfiles más abruptos al encajonarse en los materiales de las penillanuras del oeste ibérico. Sus caudales son abundantes, ya que tienen numerosos afluentes, en amplias cuencas, pero su régimen es irregular, presentando un estiaje en verano coincidiendo con el mínimo de precipitación y crecidas con las lluvias de otoño y primavera.

-Los ríos mediterráneos son cortos y mal alimentados, a excepción del Ebro. Nacen en montañas cercanas al mar, lo que imprime carácter y energía al relieve. Su caudal es escaso e irregular, presentan un acusado estiaje en verano y pueden sufrir crecidas catastróficas en otoño. Son frecuentes, también, las ramblas, es decir, los cauces que solamente llevan agua cuando llueve.

-Por último, los cursos fluviales insulares se circunscriben a arroyos o torrentes de escaso caudal, en parte muy incididos por la sobreexplotación de los acuíferos.

Junto a las aguas continentales de escorrentía superficial que forman, en sentido estricto, la red fluvial, se encuentran, aunque sean escasos en extensión y recursos hídricos, que no en número ni en variantes tipológicas, los lagos, lagunas y humedales, de indudable trascendencia ecológica y singularidad paisajística. Los primeros son láminas de agua de diferente tamaño, de carácter profundo y en mayor medida permanente. Los humedales, por su parte, son medios palustres de aguas someras e intermitentes.

En España existe aproximadamente un 40% del territorio afectado por acuíferos subterráneos. Estos son embolsamientos de agua como consecuencia de la infiltración de las aguas de precipitación y su acumulación subterránea. Estas aguas embolsadas pueden ser descargadas, de manera natural -explotación y aprovechamientos humanos al margen-, desaguando en otros acuíferos, a través de los ríos y manantiales, o bien hacerlo directamente al mar.

Los neveros, heleros y glaciares representan las últimas modalidades de formaciones hídricas con las que completar la caracterización geográfica de las aguas continentales y de los recursos hidrográficos de nuestro país. Circunscritas a ambientes muy reducidos de la alta montaña peninsular, estas formaciones se encuentran afectadas por una merma continuada en lo que a aportes hidrológicos se refiere, como resultado de la contracción superficial de sus masas. Las huellas de las herencias encontradas en los modelados relictos de origen nivo-glacial así lo terminan por constatar.

 

Dr. Luis Carlos Martínez Fernández

Geógrafo; profesor de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Valladolid

 

 

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